El Origen del Miércoles de Ceniza

El Miércoles de Ceniza es la fecha litúrgica con la que se inicia la Cuaresma.

"En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma solía poner las cenizas al iniciar los cuarenta días de penitencia y conversión"

Se puede celebrar, dependiendo del calendario, entre el día 4 de febrero y el día 10 de marzo. El acto de dejar caer las cenizas en la frente de los fieles o hacer una cruz con ellas, una vez bendecidas, es un ritual inmerso en la Santa Misa.

Las cenizas, al ser residuos inertes de la combustión de la materia orgánica, simbolizan lo efímero de nuestra vida terrenal.

Para los cristianos, según se refleja en La Biblia, es símbolo de duelo y expresión de penitencia.

Un ritual con historia, ¿quieres conocerla?

Se puede situar el origen del día del Miércoles de Ceniza en muchísimas civilizaciones del Mediterráneo oriental ya que constituyeron un emblema de luto y eran utilizadas para cubrirse la cabeza. 

¿Cuál es el origen del Miércoles de ceniza?, Funeraria Albamar

En los primeros tiempos de la Iglesia, la ceniza se empleaba en los rituales de conversión y reconciliación llevados a cabo el Jueves Santo. Desde el año 384 d.C. se inició el sentido de penitencia y conversión de la Cuaresma, reflejado posteriormente, en el siglo XI, en la imposición de las cenizas.

Antiguamente se recurría a ellas también como parte de ese proceso de preparación del espíritu para los que iban a recibir el sacramento del Bautismo.

"Nuestros cuerpos son perecederos" eso nos recuerda el Miércoles de Ceniza. Polvo, barro y ceniza son similares materias y Dios Nuestro Señor creó a Adán formándolo del barro. 

La sentencia que le impuso Dios cuando pecó reza: "Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás". Abraham, en el Génesis, exclama: "Aunque soy polvo y ceniza me atrevo a hablar a mi Señor." 

Estas palabras nos ayudan a entender nuestra condición dual de seres mortales, pero dotados de un alma imperecedera destinada a vivir tiempos de regocijo.

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